Telling our true stories

It was so strange to walk with Berta in my town in a street called Recep Tayyip Erdoğan…  As a citizen who was born and grown in Famagusta, I haven’t heard that street name before. Yet it was what googlemaps tells to her.

I want to thank her with her amazing spirit to translate my feelings into words. While reading the translation of her article, I really wished to speak Spanish.

As a community we have never chased after power or being rich. We only wanted the recognition of our existence in this island for so many centuries and live in peace & unified, build a better future for our children. Till then, we will keep on telling our true stories…

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Erdogan aguarda al final de la calle

  • BERTA HERRERO- Famagusta  20/08/2016 04:14, EL MUNDO

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El eterno cielo azul de Chipre se refleja sobre el también eterno azul del Mediterráneo. Unos turistas se sumergen en sus aguas y otros admiran la escena desde la fastuosa terraza del hotel Palm Beach, ajenos a las concertinas que se levantan a unos pocos metros de su pequeño paraíso.

Sólo unos niños parecen toparse con la realidad cuando la pelota con la que juegan cae al otro lado de la valla. “Zona prohibida“, reza el cartel rojo que la preside. Tiene dibujado un soldado armado. El más pequeño de los niños rompe a llorar, consciente de que no podrá recuperar su distracción playera.

La imagen traslada al pasado a una joven que pasea siguiendo el curso de la alambrada: “El patio de mi colegio lindaba con la zona ocupada. Cuando se nos caía la pelota al otro lado, sabíamos que podíamos olvidarnos de ella”.

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Famagusta está sitiada por tropas turcas. En la imagen, la arquitecta Ceren Bogaç recorre los edificios abandonados del barrio fantasma de Varosha. REPORTAJE GRÁFICO: BERTA HERRERO

La calle principal de Nicosia desemboca en el paso fronterizo que da acceso a Chipre del Norte: Erdogan aguarda al final de la calle a los que llegan desde el sur. Lo sabe bien Ceren Bogaç. A sus treinta y pocos, la arquitecta vive acostumbrada a caminar a lo largo de las numerosas áreas inaccesibles de la ciudad de Famagusta, en Chipre del Norte, a que militares extranjeros le echen el alto cuando se acerca a sus dominios y a ver la maleza ganar terreno a las estructuras que antaño acogieron resorts de lujo, apartamentos con vistas envidiables y elegantes boutiques. “Cuando era pequeña, mis vecinos eran los fantasmas. Ahora, mis vecinos son soldados turcos“, cuenta.

Y es que Ceren, hija de un reputado arquitecto con estatus de refugiado, es natural de Famagusta, ciudad costera sitiada por las tropas que Ankara mantiene desplazadas en la autoproclamada República Turca de Chipre del Norte, no reconocida como Estado por ningún país a excepción de Turquía.

A lo largo de la urbe hay numerosos edificios de los que cuelgan banderas turcas. En ellos “residen las familias de los soldados que trabajan aquí”, explica Ceren.

El antiguo resort

Pero los procedentes de Anatolia (parte asiática de Turquía) no sólo ocupan vastas propiedades fuera de los cercados -incluidas bucólicas mansiones entre las ensenadas-, sino también dentro de ellos. Tienen el control de Varosha, el barrio del sur de la ciudad que linda con la zona desmilitarizada que parte en dos la isla de Chipre, antaño distinguido resort frecuentado por celebridades como Brigitte Bardot.

La ocupación es a lo bestia: los soldados turcos están por todos sitios, parten ciudades enteras para establecer bases en las que los locales (turcochipriotas como Ceren) no pueden entrar, y Ankara no para de adquirir propiedades para mandar allí a familias enteras turcas a colonizar la isla. Ya triplican a los turcochipriotas.

Y, cuando el gobierno de Chipre del Norte se porta mal, Erdogan cierra el grifo y suspende la paga de los funcionarios (el 60% de los trabajadores del Norte son asalariados del Gobierno turco).

A Varosha la llaman la ciudad fantasma. Y es que, desde su captura por el ejército turco en 1974, ningún chipriota ha podido acceder a ella -quitando a algún fotógrafo que se ha jugado el tipo para retratar las ruinas en que se han convertidolas propiedades que fueron abandonadas por más de 6.000 grecochipriotas-.

Ningún país reconoce el pasaporte de la república turca de Chipre del norte. “No imaginas cómo es no existir”

La vegetación brota con descontrol en su interior, llegando, en muchos puntos, a comerse las afiladas vallas con que el ejército turco mantiene a los propietarios naturales alejados de lo que un día fueron sus hogares. Ceren indica que en el interior de este barrio circulan coches porque “los soldados turcos también usan algunos hoteles para alojar a sus familiares”.

Varosha es “uno de los puntos clave en las negociaciones para un acuerdo entre las dos comunidades de Chipre bajo el auspicio de la ONU”, afirmó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en junio de 2015. Según explica Ceren, “la gente que fue forzada a dejar sus casas guarda un recuerdo romántico de ellas. Por eso no quiere que las derriben. Pero tras 42 años deshabitadas sólo amenazan con venirse abajo”.

Es el as que Turquía se guarda en la manga, ignorando las resoluciones 550 y 789 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que instan a Ankara a devolver a sus propietarios de pleno derecho sus viviendas, bajo la condición de que puedan reasentarse en ellas con garantías de paz y seguridad. En el horizonte de los seis diputados que Chipre elige al Parlamento Europeo siempre se divisa este objetivo, con independencia de su color político.

Los pocos semáforos que hay a uno y otro lado de la zona desmilitarizada sirven a los chipriotas para orientarse. Al dar indicaciones mencionan en qué semáforo se ha de torcer, en lugar de referirse al nombre de las vías. Para Ceren las calles de Famagusta sí tienen nombre. Muchas fueron bautizadas en honor al pueblo del que procedían los nuevos vecinos que tuvieron que asentarse en las casas abandonadas por los grecochipriotas exiliados tras verse ellos también forzados a dejar las suyas.

Paseando por la calle Pafos, la joven evoca otro enclave costero del sur de Chipre: “La familia de mi padre era de Lárnaca y, desde que abrieron la frontera por primera vez en 2003, siempre volvemos allí. Visitamos su casa, donde ahora vive otra familia”.

En las ciudades del norte, muchos de sus habitantes hacen ondear la enseña turca junto a la de la autoproclamada república. Sin embargo, Ceren repite que los turcochipriotas “no somos ni nacionalistas ni religiosos. Los que cuelgan las dos banderas son turcos”.

Explica, también, que “es lógico que cuelguen ambas, pues por un lado siguen ligados a su patria, pero por otro ya llevan más de 42 años aquí. Muchos de sus hijos nunca han estado en Turquía”. Dice la joven que ésta es “una situación compleja. Creemos que algún día los turcos retornarán, pero… ¿cómo mandar de vuelta a su patria a alguien que, en realidad, nunca la ha pisado?”.

Como vivir en ningún lugar

Al contrario que ellos, Ceren sí ha estado en Turquía. Antes del ingreso de Chipre en la UE, en 2004, para viajar al extranjero tenía que hacerlo a través del país anatolio: “Turquía me proveía temporalmente de un pasaporte que me hacía figurar como ciudadana suya, ya que ningún país hubiera reconocido mi pasaporte de la República Turca del Norte de Chipre”.

El rostro bronceado de la joven se aflige al recordar esos años. “No puedes imaginar cómo es no existir… lo que se siente al tener un documento de identidad que no es reconocido por ningún país. Como si no vivieras en ningún lugar”.

En el norte hay soldados por doquier y los turcos ya triplican a los locales. “Temo que nos conviertan en república islámica”.

Hoy Ceren desarrolla sus investigaciones en la Universidad del Mediterráneo Oriental, que no recibe estudiantes Erasmus al no estar reconocida en el programa europeo (a pesar de que sus títulos están homologados). A su vez trabaja en el Proyecto Famagusta Ecociudad, una iniciativa bicomunal de planificación urbanística del municipio, desde lo sostenible.

Para llevarla a cabo, le resulta imprescindible que el barrio de Varosha sea devuelto, pues “si sólo convertimos una parte de la urbe en ecológica y no tocamos las estructuras deshabitadas, habrá derrumbes y el desuso de los sistemas de alumbrado y alcantarillado afectará al conjunto”.

Ceren se expresa en un perfecto inglés que aprendió en la escuela británica de Famagusta -una herencia de tiempos coloniales-. Sin embargo, no es habitual que los integrantes de la comunidad turcochipriota lo hablen.

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Barricadas y concertinas dividen a Nicosia en dos.

“Conforme nos acercamos más a Turquía se vuelve inútil aprender inglés. En turco se puede hacer todo”, dice la arquitecta. “Los más mayores aún se manejan en griego porque, a fin de cuentas, se criaron con grecochipriotas”. Y es que crear un vínculo lingüístico en los niños podría ser la llave al entendimiento: “Estamos luchando porque el griego se imparta en los colegios, pero a ningún ministro le ha gustado esa idea”.

Por el contrario, los turcochipriotas “ahora viven con el miedo de ser asimilados por la fuerza y políticamente dominados por Turquía, que está intercediendo en un grado sin precedentes en la vida del territorio”, según alertó el eurodiputado grecochiopriota Costas Mavrides en el Parlamento Europeo.

Con otro ejemplo lo explica un guardia del margen sur de la frontera: “Antes que devolver las casas a sus dueños grecochipriotas, las autoridades del pseudo-Estado prefieren regalárselas a ciudadanos turcos. Así afianzan la colonización del territorio”.

Ceren ha perdido “totalmente” la esperanza de que se produzca la reunificación: “Hace seis meses habría dicho que 2016 iba a ser el año de la paz, pero tras el intento de golpe de Estado en Turquía… no. Lo que pasa allí tiene repercusiones aquí”.

La joven recuerda que esa noche no pudo dormir. “Me atemorizaba no saber qué iba a ocurrir en Chipre al día siguiente. Pasé la noche escuchando las consignas de los turcos en apoyo a Erdogan y el ir y venir de los carros militares”. Ceren teme que Turquía tome “más control sobre nosotros y nos convirtamos en una verdadera república islámica“.

Si eso ocurre, dice, “me iré de esta isla para no volver. Y llevaré conmigo a toda mi familia. Pero confío en que la UE no lo permita y nos empuje a alcanzar un acuerdo entre nosotros. De lo contrario, no tendremos ninguna oportunidad“.

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2 responses to “Telling our true stories

  1. Thank you for sharing your experience. I think it’s very important to know as well the reality of Turkish Cypriots. You also suffered because of the turkish occupation. If Turkish and Greek Cypriots shared their experiences and knew each other, there would not be so much hate and xenophobia.

    • Thank you Pablo for your comment. You are absolutely right about rising up voices as both communities. However the problem is not only Turkish occupation. We have British land in our island, tens of armies, a big power of Orthodox church, lack of knowledge about the history etc. We need to face with many issues before we talk about peaceful future. Best x

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